La banca chilena y una oportunidad histórica para innovar en tecnología

El enfrentamiento entre bancos y empresas de criptomonedas en el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) es la punta del iceberg de un escenario más complejo, no solo en Chile sino en el mundo entero.

La acusación de Itaú y Banco Estado- denunciaron que los sistemas de Binance, la plataforma cripto de mayor alcance a nivel mundial, facilitaron la intermediación de fondos asociados con actividades ilícitas- evidencia una guerra que se avizora larga: la competencia entre instituciones e instrumentos financieros por captar clientes en el marco del gran crecimiento de la tecnología en el último año. Es suficiente mirar los datos para dimensionar lo que estamos viviendo: 65% del PBI mundial estará digitalizado para 2022, según IDC. Todos, tarde o temprano, estaremos inmersos en la marea de la digitalización.

No obstante, las criptomonedas no son el único actor en la pelea por quitarle market share a los bancos. El Real Estate digital, por ejemplo, en su modalidad de inversión de financiación colectiva, ya ofrece oportunidades de inversiones transfronterizas y a bajo costo en distintos puntos del mundo sin que el inversor se mueva de su casa. Así lo validan los estudios del Banco Mundial, que calcula que para 2025 la industria del crowdfunding tendrá un valor de 93.000 millones de dólares. 

La transformación digital nos deja dos legados: la democratización de la inversión, lo cual es digno de celebrar porque permite a más personas acceder a oportunidades a través de Internet y con bajas barreras de entrada, y la caída de las fronteras de los países en términos de oportunidades de inversión y también en lo que respecta al campo de acción de los hackers. Esto último quedó claro en los últimos días cuando Estados Unidos recuperó casi todo el rescate de bitcoin pagado a los perpetradores del ciberataque a Colonial Pipeline Co, aún cuando esos delincuentes operaban fuera del país.

En este escenario, los bancos tienen dos grandes ventajas frente a sus jóvenes competidores: trayectoria y solidez, diferenciadores de peso ante jugadores más volátiles. Basta ver la nueva caída del bitcoin en los últimos días, influenciada en parte por un misterioso tweet de Elon Musk con un corazón roto, lo cual alimentó los rumores de que el bitcoin podría separarse en dos.

En contraparte, los bancos padecen un serio problema en relación al fraude informático. La ley actúa en favor de los usuarios- cuando un cliente denuncia ante su banco un fraude, la entidad debe restituir el dinero al afectado en un plazo de 5 días hábiles- y se están registrando autofraudes como modus operandi de ciberdelincuentes que buscan sacar tajada de dicha ley.

¿Qué pueden hacer los bancos para ser más competitivos en este entorno de alta digitalización y con nuevos jugadores que se suman a la conversación? Mejorar la calidad del servicio, hiperpersonalizar el vínculo con el cliente e invertir en tecnología, no solo pensando en la prevención de delitos, sino también en el diseño de propuestas de valor orientadas al usuario. Hoy existen herramientas para detectar la identidad de una persona en base a la velocidad con la que escribe un mensaje, crear un boarding de identificación con fotos de DNI o desarrollar análisis crediticios basados en Big Data, solo por mencionar algunos ejemplos.

A nivel mundial, esta tendencia está cada vez más desarrollada. Según un estudio de NTT Data, más del del 80% de las entidades financieras en Brasil, Alemania, Italia, Japón, México, España, los Estados Unidos y Reino Unido la usan para analizar el comportamiento de los consumidores, detectar fraudes, lavado de dinero y mejorar las recomendaciones.

En el plano local, el informe de Madurez Digital de las empresas en Chile, desarrollado por The Valley, arroja que, abarcando todas las industrias, tan solo el 30% de las empresas utiliza Inteligencia Artificial en el país y, asegura, que el 2021 será el año de consolidación de estas herramientas.  

Aunque se encuentra recién en sus comienzos, la IA está dando pasos agigantados para mejorar la experiencia del usuario. Su desarrollo depende de la inversión, planificación y apuesta a largo plazo por parte de las instituciones bancarias. Los próximos tres a cinco años serán claves y para eso se necesitan CEOs capaces de comprender las nuevas demandas globales y liderar a sus empresas en un proceso de transformación sin precedentes. 

Por último, es una excelente noticia que los reguladores locales hayan tomado nota y ya haya comenzado la transformación del mercado financiero a través de iniciativas como la portabilidad financiera y la implementación del modelo de cuatro partes, entre otras decisiones.

Por Diego Schargorodsky, Managing Director de Globant en Sudamérica



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