Un vocero de la compañía indicó que se delegará a otras fábricas la producción propiamente tal de los microprocesadores, en tanto que las instalaciones de Washington serán destinadas a labores de desarrollo e investigación. La actual línea de ensamblaje será eliminada antes de fin de año.
Los políticos de la zona de Washington califican de brutal la decisión de Intel, que según ellos representa un serio golpe psicológico contra la región.













