Comentario: 1998, un mal año para la libertad de expresión

El año que acaba de finalizar representó un retroceso para la causa de la libertad de expresión en Internet.

En el último informe de la organización Human Rights Watch (Observador de Derechos Humanos), se menciona una serie de casos en que tanto gobiernos democráticos y regímenes autoritarios implantaron medidas que coartan dicha libertad.

En el informe, dado a conocer el mes pasado, se aborda la situación general de los derechos humanos a nivel global, dedicándose un capítulo especial a la libertad de expresión. El autor del capítulo considera que el año que concluye se caracterizó por un incremento de la censura, que en algunos casos es impuesta mediante la persecución judicial, la represión y la intimidación.

Para el caso de regímenes autoritarios como China y Singapur, Human Rights Watch estima que se encuentran abocados a la búsqueda de medidas, procedimientos y tecnologías que hagan posible controlar el acceso de sus ciudadanos al ciberespacio. De igual modo, se observa que otros países y entidades supranacionales, como Estados Unidos y la Unión Europea, aspiran – en nombre de causas legítimas como la lucha contra la pornografía infantil y el racismo– a limitar el derecho a difundir expresiones igualmente legítimas.

Así, en la ciudad china de Shangai, las autoridades incorporaron en 1998 un total de 150 expertos en informática a un cuerpo conocido popularmente como la ”ciberpolicía”. El objetivo principal de tal vigilancia represiva es evitar que sitios web extranjeros difundan información ”subversiva” emanada de fuentes chinas.

En Tailandia, en tanto, las autoridades consideran aplicar un sistema que hará posible para la policía llevar una bitácora de todo, absolutamente todo, lo que cada usuario de Internet realice en la red. Si la intención es realmente practicable –¿cuantos policías se necesitaría para analizar diariamente miles y miles de líneas de bitácora?– o si se trata de una medida meramente intimidatoria, es algo que las autoridades tailandesas se niegan a comentar.

Un caso ilustrativo de censura en su máxima expresión lo constituye el caso de Arabia Saudita, que luego de varios años de preparativos finalmente se ha conectado a Internet. En el caso de los saudíes, su ”Internet” será más bien una intranet controlada por el gobierno, con un sólido ”cortafuegos” que impedirá el acceso a sitios web extranjeros que ofrezcan contenido ”perjudicial para los valores sociales, culturales, mediáticos, económicos y religiosos del país”. Dicho de otra forma, esa sola frase puede traducirse como ”censura total”.

En ocasiones, los ataques de las autoridades contra la libertad de expresión rayan en lo ridículo y lo increíble. En junio de 1998, un adolescente de Ankara fue detenido y condenado a 10 meses de prisión en Turquía luego de haber enviado un comentario en un chat abierto. ¿Cual fue el supuesto delito?; haber criticado la dura forma en que la policía trató a un grupo de ciegos que protestaba por los numerosos agujeros en las aceras de la ciudad…

Las observaciones de Human Rights Watch no se limitan a aquellos gobiernos de ”culturas lejanas”. También se menciona el caso del director una subsidiaria de CompuServe en Alemania, quien fue encontrado culpable de ”haber contribuido a difundir pornografía infantil y otro material ilegal”. Lo cierto es que CompuServe Alemania sólo era propietaria de los servidores en que un abonado de sus servicios instaló dicho material, abusando de la posibilidad que le ofrecía su cuenta de disponer de algunos megabytes de espacio en las máquinas.

Concluyo citando, para la reflexión, el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al que la ONU ha dado el carácter de derecho fundamental:

”Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Héctor Pizarro
Director
DiarioTi.com


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