El daño fue causado por un gusano (worm), programa diseñado para autocopiarse de una máquina a otra en una red y, que a diferencia de un virus, no está vinculado a archivos ejecutables (.exe).
El gusano del caso se hizo presente al reproducirse una y otra vez en cada una de las máquinas a las que había tenido acceso. Los administradores de sistemas se percataron de que sus computadoras comenzaron a trabajar a un ritmo inusualmente acelerado, sin razón aparente, hasta que sencillamente dejaron de funcionar por falta de recursos.
El programa maligno fue creado por un estudiante de la Universidad de Cornell, de nombre Robert Morris Jr., hijo de un alto funcionario de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA, por sus iniciales en inglés). Las intenciones de Morris hijo eran, según algunas fuentes, probar que no todas las actividades realizadas por su padre eran igual de seguras. Para probar su teoría, el joven programador envió su experimento a la red en momentos que esta contaba alrededor de 60.000 servidores UNIX, concentrados principalmente en Estados Unidos.
El gusano de Morris se propagó entre los servidores valiéndose principalmente de agujeros de seguridad en los sistemas gestores de correo electrónico. A diferencia de programas verdaderamente destructivos, el código de Morris sólo hacía que el servidor fuese recargado en exceso.
El problema principal no fue que el 10% de los servidores existentes dejaran de funcionar, sino que los administradores optaron por desconectar sus máquinas en una reacción de pánico. Al estar desconectados de la red, muchos de ellos no pudieron intercambiar información vital con otros administradores. Y claro, conocían sus direcciones de correo electrónico, pero no sus números de teléfono













