La menor disponibilidad de memoria y el alza de precios presionan a las organizaciones a extender la vida útil de sus equipos, evaluar opciones alternativas y gestionar entornos tecnológicos más heterogéneos.
La escasez de memoria DRAM y NAND está obligando a las organizaciones a revisar cómo compran, mantienen y reemplazan sus equipos. Más allá de la disponibilidad de componentes, el problema cuestiona los ciclos fijos de renovación tecnológica y refuerza la necesidad de administrar el parque informático según uso, rendimiento y estado real de cada dispositivo.
Ese es el planteamiento de un análisis publicado por IT Pro. Su autor, Dave Gruver, sostiene que la presión sobre el suministro de memoria, derivada en parte de la demanda de infraestructura para inteligencia artificial, puede llevar a las empresas a extender la vida útil de sus equipos y a requerir una gestión más sofisticada de sus activos tecnológicos.
Cuando el ciclo fijo deja de funcionar
Durante años, muchas empresas han operado con calendarios predecibles para renovar computadores y otros dispositivos. Sin embargo, cuando los equipos no están disponibles, los plazos de entrega aumentan o los precios se vuelven inestables, mantener un ciclo uniforme de reemplazo resulta más difícil.
Una respuesta posible es postergar la renovación y pasar a un esquema de reemplazo por falla. Pero esa alternativa también tiene costos: puede reducir la productividad, aumentar el gasto en soporte correctivo y mantener en operación dispositivos que ya no responden adecuadamente a las necesidades de los usuarios.
El análisis plantea que las organizaciones también pueden recurrir a equipos reacondicionados, proveedores alternativos o configuraciones con distintos fabricantes. El resultado, sin embargo, puede ser un entorno más heterogéneo, con mayores exigencias de soporte, seguridad y administración de activos.
Renovar según necesidad
Frente a ese escenario, Gruver propone avanzar hacia una renovación inteligente. En vez de sustituir equipos por antigüedad, este enfoque utiliza información sobre rendimiento, salud del dispositivo, carga de trabajo y perfil del usuario para determinar cuándo conviene reemplazar, reasignar o extender la vida útil de cada activo.
Herramientas de experiencia digital del empleado, telemetría y pruebas comparativas pueden ayudar a identificar qué equipos están subutilizados, cuáles presentan problemas de rendimiento y qué perfiles requieren mayor capacidad. Así, la renovación deja de depender exclusivamente de una fecha y pasa a organizarse en etapas más pequeñas, priorizadas por necesidad operativa.
El modelo también permite evaluar distintas fórmulas de financiamiento, como compra directa, arriendo o dispositivos como servicio. Una vez seleccionados, los equipos pueden configurarse de acuerdo con perfiles de usuario, incorporar controles de seguridad y mantenerse bajo monitoreo durante toda su vida útil.
Una oportunidad para la gestión de ciclo de vida
La escasez de componentes no se resuelve únicamente con mejores negociaciones de compra. También exige optimizar la capacidad disponible, planificar la demanda y prolongar el valor de los activos sin comprometer la experiencia de los usuarios ni la seguridad de la organización.
En ese contexto, distribuidores, integradores y proveedores de servicios administrados pueden aportar conocimiento de disponibilidad, alternativas de suministro, administración de parques mixtos, reparación, gestión de garantías y reutilización de equipos. El desafío consiste en que ese acompañamiento vaya más allá de la transacción puntual y se convierta en una gestión continua del ciclo de vida tecnológico.
Con información de IT Pro.
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