La compañía publicó un marco para sus alianzas con gobiernos, incluyendo restricciones sobre vigilancia masiva, armas autónomas y decisiones críticas sin supervisión humana.
OpenAI publicó un conjunto de principios para regular sus alianzas con gobiernos, agencias de seguridad nacional y organismos de aplicación de la ley. El documento, titulado OpenAI Principles for National Security Partnerships, busca definir qué usos de sus modelos considera aceptables en áreas sensibles como ciberdefensa, bioseguridad, inteligencia, seguridad pública y operaciones militares.
La publicación llega en un momento en que los gobiernos están incorporando sistemas avanzados de inteligencia artificial en tareas cada vez más relevantes. En una entrada oficial, OpenAI señala que las democracias deberían poder usar IA para proteger infraestructura crítica, prestar servicios públicos y responder a amenazas emergentes, pero advierte que estos sistemas deben desplegarse con rendición de cuentas democrática, juicio humano significativo y respeto por el Estado de derecho.
Restricciones para vigilancia, fuerza y decisiones críticas
El marco establece tres límites principales. OpenAI afirma que no apoyará el uso de sus herramientas para vigilancia doméstica masiva, para decisiones de alto impacto sin juicio humano y rendición de cuentas adecuados, ni para usos destinados a evadir obligaciones legales, supervisión o responsabilidad institucional.
En el caso de la vigilancia, la compañía se refiere a la recopilación, análisis o monitoreo no autorizado o no restringido de personas dentro de la jurisdicción de un gobierno. También menciona usos orientados a inferir rasgos sensibles de individuos identificables para perjudicarlos, tomar represalias por el ejercicio legítimo de derechos o fabricar y manipular evidencia.
Respecto del uso de la fuerza, OpenAI no descarta que la IA pueda asistir a responsables humanos con información, precisión o identificación de patrones. Sin embargo, el documento sostiene que no apoyará sistemas que eliminen o limiten la capacidad de los usuarios para ejercer juicio humano apropiado, ni aquellos que socaven la responsabilidad legal o moral sobre los resultados.
La frontera entre defensa, inteligencia y operación militar
Uno de los puntos relevantes del documento es que OpenAI no traza una prohibición absoluta sobre operaciones de inteligencia, investigaciones u operaciones militares ofensivas o defensivas. La compañía argumenta que la distinción entre ofensivo y defensivo puede depender del propósito, el contexto y los efectos previstos de cada despliegue.
Ese enfoque deja margen para contratos gubernamentales en áreas delicadas, pero los condiciona a una evaluación caso por caso. OpenAI indica que aplicará un proceso interno para revisar oportunidades en seguridad nacional y aplicación de la ley, y que esas decisiones irán creando precedentes documentados, en una lógica que compara con la evolución de la jurisprudencia.
La empresa también afirma que priorizará socios comprometidos con el uso legal, responsable y beneficioso de la tecnología. Aunque reconoce un papel especial de Estados Unidos como su jurisdicción de origen, sostiene que la condición de aliado o socio estratégico no será suficiente por sí sola: también deberán considerarse derechos individuales, derechos humanos, supervisión significativa y solidez del marco legal aplicable.
Expansión en ciberdefensa y bioseguridad
OpenAI vincula estos principios con la ampliación de su trabajo con el gobierno de Estados Unidos y países aliados. Según la compañía, en el último mes estableció alianzas de Trusted Access for Cyber con Australia, Canadá, Japón, Corea del Sur, Francia, Alemania, Polonia, Países Bajos e instituciones de la Unión Europea como ENISA, dentro de su programa Daybreak de ciberdefensa.
La empresa también menciona una relación creciente con el gobierno del Reino Unido en ciberseguridad, pruebas y evaluación, además de un acceso ampliado a su modelo GPT-Rosalind para determinados socios gubernamentales y aliados que trabajan en salud pública y biodefensa.
Un debate que supera a OpenAI
La publicación se inserta en una discusión más amplia sobre el papel de los laboratorios privados de IA en funciones estatales. The Verge ha documentado cómo el debate sobre armas autónomas, Project Maven y supervisión humana se ha intensificado a medida que los sistemas de IA se incorporan a flujos de trabajo militares y de inteligencia.
OpenAI no es la única empresa que avanza en esta dirección. En junio de 2025, Anthropic presentó Claude Gov, una familia de modelos para clientes de seguridad nacional de Estados Unidos, desplegada en entornos clasificados y diseñada para tareas como análisis de inteligencia, planificación estratégica, ciberseguridad y manejo de material clasificado.
El documento de OpenAI intenta responder a una tensión central: los gobiernos quieren acceso a modelos avanzados para tareas críticas, mientras que la delegación de capacidades analíticas a proveedores privados puede concentrar poder, reducir el juicio humano efectivo y complicar la rendición de cuentas. La empresa sostiene que muchas de las decisiones más importantes sobre IA en seguridad nacional deberían resolverse mediante procesos democráticos, no únicamente por compañías tecnológicas.
En términos prácticos, los principios no cierran la puerta a nuevos contratos en seguridad nacional. Más bien fijan una arquitectura de límites, revisión interna y restricciones contractuales. La cuestión pendiente es cómo se aplicarán esos principios cuando entren en conflicto con presiones gubernamentales, intereses comerciales o escenarios operativos donde la supervisión humana sea formalmente exigida, pero difícil de ejercer en la práctica.
Con información de OpenAI, The Verge y Anthropic.
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