La cirugía robótica avanza en Chile, pero enfrenta obstáculos concretos: presupuestos recortados, listas de espera y escasez de personal capacitado. Pese a ello, la proyección del sector es que al 2030 cada región del país cuente con al menos un programa o proyecto en implementación, lo que implicaría una descentralización sin precedentes de la medicina de alta complejidad.
Según Macarena Torres, líder de la unidad de cirugía robótica de Surmedical, existe un interés creciente por parte de instituciones médicas de distintas regiones. “Hay liderazgos cada vez más sólidos que están apostando por proyectos de cirugía robótica, en parte gracias a estudios que demuestran beneficios significativos en la calidad de vida de los pacientes”, afirma Torres.
El contexto sanitario agrega presión al proceso. El gobierno activó una Alerta Sanitaria Oncológica nacional que exige respuestas rápidas para pacientes con cáncer, mientras el sistema público enfrenta una reducción presupuestaria de 3% y extensas listas de espera. En ese marco, la cirugía robótica se posiciona como una herramienta para reducir la ocupación de camas, el uso de fármacos y las complicaciones postoperatorias, liberando recursos que el sistema necesita con urgencia.
En América Latina, el mercado de robots quirúrgicos está liderado por Brasil, México y Argentina, donde los hospitales han acelerado inversiones para mejorar sus resultados clínicos. La creciente prevalencia de enfermedades crónicas, especialmente el cáncer, impulsa la demanda de procedimientos mínimamente invasivos donde la precisión robótica resulta determinante.
Implementar un sistema de este tipo en Chile no es sencillo. Requiere adaptar infraestructura física, crear áreas quirúrgicas nuevas y capacitar equipos multidisciplinarios. La adquisición de la plataforma tecnológica sigue siendo el principal cuello de botella financiero, aunque la llegada de nuevos oferentes al país y la diversificación de distribuidores está comenzando a presionar los precios a la baja.
La meta de democratizar el acceso —eliminando barreras tanto económicas como geográficas— es el argumento central detrás de la expansión planificada. Los pacientes chilenos, cada vez más informados, ya consultan activamente sobre la disponibilidad de cirujanos habilitados en sistemas robóticos, especialmente para procedimientos oncológicos de alta complejidad.






