La novelesca declaración comenzó a gestarse luego de un intento de Warner Home Video por doblar el precio de sus películas en DVD a las tiendas de alquiler de películas en Australia. Ante ello, la entidad Australian Video Rental Association (AVRA) se negó a firmar el contrato con Warner en que aceptaba el aumento de precios en representación de sus 1.000 tiendas asociadas.
Warner, por su parte, reaccionó querellándose contra AVRA ante los tribunales australianos, donde habría de “explicarles” la situación. En el tribunal, los representantes de Warner Home Video adujeron que el reajuste de 100% en el precio de las películas en DVD se justificaba debido a que DVD “debía ser considerado software, toda vez que son grabados en formato digital y luego leídos por máquinas provistas de procesadores”. El tribunal de instrucción denegó categóricamente la teoría de Warner, rechazando de esa forma la querella.
Un representante de AVRA expresó satisfacción por el fallo, agregando que si la querella hubiera sido acogida, y eventualmente respaldada, por el tribunal, no hubiera pasado mucho tiempo antes de que surgieran aspiraciones similares de compañías distribuidoras de DVD en todo el mundo.
Según los medios australianos, el tribunal recomendó a Warner evitar a futuro este tipo de amenazas infundadas ante sus propios clientes.
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