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Vehículos eléctricos a batería superan al hidrógeno en eficiencia y escala

Los vehículos eléctricos a batería tienen una ventaja clara en eficiencia, costos de operación e infraestructura, por lo que se perfilan como la opción dominante para autos de pasajeros.

Los autos eléctricos a batería y los vehículos de hidrógeno suelen presentarse como tecnologías rivales, pero no compiten exactamente en el mismo terreno. Ambos usan motores eléctricos en las ruedas; la diferencia principal está en cómo almacenan y entregan la energía.

En un artículo publicado por Interesting Engineering el 16 de junio de 2026, Atharva Gosavi plantea que los vehículos eléctricos a batería, o BEV, probablemente dominarán el mercado de automóviles de pasajeros durante las próximas dos décadas. Los vehículos de pila de combustible de hidrógeno, o FCEV, tendrían un papel más acotado en segmentos específicos del transporte.

Los BEV almacenan electricidad directamente en una batería de ion-litio. Esa energía se envía luego al motor eléctrico que impulsa el vehículo. Al tratarse de una cadena relativamente directa, su eficiencia desde la electricidad hasta las ruedas suele superar el 70%.

Los autos de hidrógeno siguen una ruta más compleja. El hidrógeno debe producirse, comprimirse, almacenarse, transportarse y cargarse en el vehículo. Dentro del automóvil, una pila de combustible combina hidrógeno con oxígeno para generar electricidad. Esa electricidad alimenta después el motor.

El artículo señala que la pila de combustible por sí sola suele estar por debajo de 70% de eficiencia. Cuando se considera toda la cadena del hidrógeno verde, desde la generación eléctrica hasta la producción, compresión, transporte y conversión final, la eficiencia total puede caer a un rango cercano al 20% o 30%.

Esa diferencia energética es uno de los argumentos más fuertes a favor de los vehículos eléctricos a batería para transporte cotidiano. Si ambas tecnologías usan la misma electricidad renovable de origen, el automóvil de hidrógeno necesita mucha más energía primaria para recorrer una distancia similar.

En costos de operación, los BEV también tienen ventaja. Al perder menos energía en conversiones, una mayor parte de la electricidad original llega a las ruedas. Esto normalmente se traduce en menor costo por kilómetro.

El hidrógeno conserva dos beneficios importantes: rapidez de repostaje y autonomía potencial. Muchos vehículos de pila de combustible pueden recargarse en unos cinco minutos y algunos modelos ofrecen entre 300 y 400 kilómetros de alcance o más. Esto puede ser relevante para vehículos que necesitan recorrer largas distancias y no pueden detenerse durante períodos prolongados.

Para autos particulares, esa ventaja pesa menos. La mayoría de los desplazamientos diarios puede cubrirse con baterías modernas, carga doméstica, carga en el trabajo y redes públicas de carga rápida.

El cálculo cambia en transporte comercial. Camiones, buses y flotas de alta utilización operan durante muchas horas, con menor margen para pausas largas. En esos casos, la rapidez de repostaje, la carga útil y la flexibilidad de rutas pueden importar más que la máxima eficiencia energética.

La infraestructura es otro factor decisivo. Los autos eléctricos pueden apoyarse en la red eléctrica existente, aunque la expansión de cargadores y las mejoras de red sigan siendo necesarias. Pueden cargarse en hogares, oficinas, depósitos, carreteras y estaciones públicas.

El hidrógeno requiere una cadena nueva: producción limpia, compresión, almacenamiento, transporte y estaciones dedicadas. Esa exigencia hace que su despliegue sea más lento y costoso.

También existe un problema de emisiones indirectas. Los vehículos de hidrógeno no generan emisiones en el tubo de escape, pero la mayor parte del hidrógeno producido hoy proviene de combustibles fósiles, especialmente gas natural. Según el artículo, el hidrógeno de bajas emisiones representaba menos de 1% de la producción mundial en 2024/2025.

Para que el hidrógeno entregue beneficios climáticos significativos en transporte, el combustible tendría que provenir cada vez más de fuentes bajas en emisiones o renovables.

El mercado ya refleja una distancia considerable entre ambas tecnologías. Las ventas globales de autos eléctricos superaron los 20 millones de unidades en 2025, equivalentes a cerca de 25% de las ventas totales de automóviles. La Agencia Internacional de Energía prevé 23 millones de ventas en 2026, alrededor de 28% del total.

Los vehículos de hidrógeno parten desde una base mucho menor. Una estimación citada por Interesting Engineering valora el mercado de vehículos de pila de combustible en unos US$200 millones en 2024, con proyección de US$2.100 millones hacia 2030. Aunque eso implica crecimiento porcentual rápido, el tamaño absoluto sigue siendo pequeño frente al mercado de autos eléctricos a batería.

Algunos pronósticos apuntan a que los vehículos de pila de combustible podrían representar alrededor de 4% de los vehículos cero emisiones hacia 2044. Su mejor oportunidad estaría en transporte pesado, recorridos largos y flotas comerciales intensivas.

La conclusión del artículo es que el futuro no será una batalla simple entre electricidad e hidrógeno. Los autos eléctricos a batería se encaminan a dominar el transporte cotidiano por su eficiencia, costos, infraestructura y escala actual. El hidrógeno, en cambio, podría encontrar espacio en los segmentos más difíciles de electrificar, como camiones de larga distancia, autocares, flotas industriales, transporte marítimo y eventualmente aviación.

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