El joven Dimitri Rubakov se interesó por la CIA después de haber visto la película Swordfish, que aborda la temática de los hackers. Luego encontró el sitio web de la entidad, en la que se sugiere dirigir las consultas de los visitantes a una dirección determinada. En noviembre de 2001, Rubakov envió dos mensajes a la CIA, con el fin de “probar el sistema”.
La prueba en cuestión habría de costarle 1.000 dólares, ya que en su mensaje el joven indicó que “Washington sería bombardeado”. La absurda prueba fue muy mal recibida por la CIA, dos meses después de los ataques terroristas contra EEUU. La entidad contactó al FBI y este a su vez a la policía noruega, que detuvo al sujeto y confiscó su equipo informático.
Para las autoridades policiales no fue difícil establecer la identidad del bromista rastreando sus huellas electrónicas. La fiscalía había solicitado una condena de cárcel, pero el tribunal resolvió finalmente limitarse a la aplicación de una multa contra Rubakov.
“Envié el mensaje incluyendo la palabra bomba con el fin de que la CIA lo respondiese. Pensé que llamaría la atención al contener esa palabra. Pero también pensé que la organización recibía miles de mensajes como el mío cada día”, señaló el imprudente sujeto a los medios de su país.
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