Para la realización del estudio, el Instituto Estatal Sueco de Radiaciones contrató a los conocidos epidemiólogos John Boice y Joseph McLauhlin del Instituto Internacional de Epidemiología de Estados Unidos. En su investigación, ambos científicos no encontraron base científica alguna que sustente los temores de que los teléfonos celulares puedan causar cáncer debido a las ondas de radio que emplean para la comunicación.
El informe señala categóricamente que no hay pruebas seguras de que aumente el riesgo de cáncer al cerebro, meninges, nervios auditivos, ojos o glándulas situadas en la cabeza, al usar teléfono celular.
Boice y McLauhlin estudiaron además las investigaciones publicadas por el científico sueco Lennart Hardell, en que supuestamente se prueba que existe una relación entre el cáncer y el uso de teléfonos móviles. La conclusión de Boice y McLauhlin es que el estudio tiene un valor limitado debido a que el tiempo de seguimiento de los casos evaluados fue demasiado corto o que los casos de cáncer fueron demasiado pocos. De igual modo, se señala que el estudio de Hardell presenta varios errores de método e implantación.
Por el contrario, Boice y McLauhlin destacaron el valor científico de otros cinco estudios internacionales realizados con diversas metodologías. Tres de los estudios fueron realizados en Estados Unidos, uno en Finlandia y otro en Dinamarca. En el estudio danés participaron 400.000 usuarios de teléfonos móviles.
A la luz del análisis de tales informes, los investigadores concluyen que es dable asegurar, con amplio margen de seguridad, que no existe un vínculo entre el uso de teléfonos móviles y el cáncer.
Con todo, es una realidad que numerosos usuarios de teléfonos móviles sienten aprensión ante tales aparatos. Por ello, los estudios de Boice y Lauhlin continuarán con la realización, entre otras cosas, de un estudio que abarcará a 13 países.





