En una serie de artículos, el periódico estadounidense San Jose Mercury News ha analizado los graves problemas que afectan a los sistemas informáticos centrales de la administración estadounidense y las consecuencias que eventualmente tuvieron para los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Según el periódico, las autoridades federales han invertido 370 mil millones de dólares durante los últimos 10 años en equipos y programas. Ahora, los responsables comienzan a percatarse que gran parte de tal inversión ha sido un colosal derroche de recursos.
Así, ha quedado comprobado que sistemas vitales no han estado en condiciones de comunicarse entre sí, y que los agentes y otros usuarios que han deseado cotejar información entre bases de datos han encontrado numerosos obstáculos técnicos. En resumen, no ha habido una estrategia estatal coordinada centralmente para la implantación y uso de las tecnologías de la información en sistemas críticos.
Por ejemplo, el sistema informático de la Secretaría (ministerio) de Transportes y Comunicaciones no permite la búsqueda de palabras, por sencillas que sean, en sus archivos electrónicos. Tales archivos contienen, entre otras cosas, informes sobre problemas de seguridad.
En tanto, los sistemas del FBI permiten la búsqueda de palabras independientes, pero no de frases o conceptos. Para el caso de los ataques terroristas, permitían, por ejemplo, la búsqueda de la palabra “flight” (vuelo) y “school”, (escuela), pero no de la combinación de palabras (flight school).
Según ha quedado constatado, varios de los terroristas que actuaron el 11 de septiembre estaban siendo investigados por separado. Una búsqueda cruzada de conceptos hubiera quizás permitido aprehenderles o tomar medidas antes de que perpetraran sus actos.





