Los primeros teléfonos tenían un tiempo máximo de uso activo de menos de 50 minutos, en tanto que el tiempo en espera bordeaba las 8 horas. Algunos de los primeros modelos llegaron a pesar hasta 15 kilos (aunque claro está, incluyendo la batería), por lo que eran vendidos con correas para poder ser cargados con mayor facilidad.
Los primeros móviles eran además costosos y alcanzaron inicialmente precios que bordeaban los 4.000 dólares. A pesar de ello, hubo de inmediato un mercado para tales productos, con usuarios dispuestos a pagar no sólo el alto precio del teléfono, sino también los elevados costos de conexión.
En la actualidad, el teléfono móvil más liviano pesa sólo 55 gramos y con su poder digital tiene una capacidad infinitamente superior a los primeros modelos. Los precios de algunos modelos subsidiados por operadores han llegado a costar 1 centavo de dólar.
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